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Junto al mar: Capí­tulo 15

8 July 2010 1,713 views

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Vieron el amanecer juntos…
Isauro querí­a invitar a Carolina a desayunar. Qué bonito serí­a que la pudiera llevar a un restaurante de lujo o por lo menos a uno cualquiera. Pero no tení­a dinero. Estaba quebrado, como habí­a estado siempre.

-Bueno, ahora sí­ me tengo que apurar porque no quiero volver a perder el bus- dijo Carolina. -Aunque te confieso que estoy muy feliz de haberlo perdido porque eso me dio la oportunidad de estar contigo-

-Ha sido la mejor noche que he pasado- le confesó Isauro. -La guardaré en mi corazón toda la vida.- Querí­a proponerle que se casaran otra vez pero al recordar su estado económico tan miserable mejor se guardó las ganas.

Caminaron hasta la estación. Talvez era la tristeza de la separación inminente pero ninguno dijo nada durante el camino. Cuando llegaron se abrazaron y se dieron un largo beso. Se prometieron esperarse uno al otro.

Sin embargo, cuando Isauro se dirigí­a otra vez hacia la playa, le salió al encuentro Sarah.

-Hola! Ya no te habí­a visto por aquí­- le dijo ella coquetamente. Isauro trató de no ponerle mucha atención. Como hombre se daba cuenta que Sarah tení­a un interés especial en él y la verdad es que estaba muy bella. Pero él le habí­a prometido a Carolina fidelidad y querí­a cumplirle. Además no querí­a jugar con los sentimientos de Sarah, por lo que trató de esquivarla.

-Ah sí­, he andado un poco ocupado con la pesca. Por cierto ahorita mismo tengo que ir a cobrar unos pagos al mercado, disculpa que no pueda atenderte.-

-Ah qué lástima. Yo te querí­a hacer una propuesta porque tengo un amigo que es jefe de una disquera y anda en busca de nuevos talentos.-

Al oí­r ésto Isauro de inmediato olvidó todas las encrucijadas sentimentales que le agobiaban en el momento. Disquera? Nuevo talento?

Será que podrí­a ganarse la vida como cantante o tocando guitarra?
Nunca se le habí­a ocurrido. A pesar de haber nacido con la guitarra bajo el brazo siempre lo habí­a visto como un pasatiempo. Ahora que Sarah le decí­a que podí­a ser artista, se le revelaba el camino claramente ante él. Era algo que le fascinaba hacer y lo hací­a muy bien. Si pudiera convertirse en un cantante famoso podrí­a aspirar sin ningún problema al amor de Carolina. Aunque ella llegara a graduarse y a conseguir un puesto en el gobierno, él no se sentirí­a menos. Cuando ella llegara nuevamente a la comunidad de pescadores se llevarí­a la sorpresa que él habí­a salido adelante. Se casarí­an y sus hijos nunca sabrí­an lo difí­cil que era ser pobre. Conocerí­an de la pobreza sólo porque él les contarí­a sus historias de niño.

-¿Hablas en serio?- preguntó Isauro volviendo a la realidad.

-Sí­, claro. Solo dime si te interesarí­a-

-Claro que sí­! Muchí­simo!-

Sarah le dijo que iba a hablar con su amigo y que le dejarí­a saber la respuesta. Después lo invitó a tomarse un café e Isauro se acordó nuevamente de su guerra sentimental interna. Amaba a Carolina y querí­a serle fiel. No querí­a lastimar a Sarah y menos ahora que iba a ayudarlo.

Isauro aceptó el café por cortesí­a, pero diciéndose a sí­ mismo que le dejarí­a saber a Sarah que su corazón le pertenecí­a a otra mujer. Se tomaron el café, caminaron por la playa, Isauro la acompañó de regreso al hotel. Y en ningún momento le habló de Carolina…

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por Andreí­na Mendez

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