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Junto al mar: Capí­tulo 8

1 December 2009 2,178 views

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-Carolina, cásate conmigo- murmuró Isauro con sus labios todaví­a sobre los de ella. Pero al oí­r esta proposición ella se separó de sus brazos.

-No puedo, Isauro. Ya me dieron la beca para irme a la universidad dentro de pocos meses. Ese ha sido mi sueño siempre. Salir de esta pobreza y ser alguien importante.-

-Solo te importa lo material, ¿verdad? Me desprecias porque soy un pobre pescador sin futuro-

-No es eso. Simplemente este ha sido mi sueño y no puedo dejarlo ir.-

-Creo que será mejor que volvamos a la playa- dijo Isauro.

El sabí­a que no estaba bien hacer a Carolina renunciar a sus metas. Después de todo, ella tení­a razón en querer salir adelante. Pero el imaginarse la vida sin ella le dolí­a tanto que se sentí­a impulsado a actuar egoí­stamente y pedirle que lo dejara todo.

Mientras tanto, Carolina pensaba que talvez su destino era vivir siempre en esa comunidad de pescadores. Talvez estaba cometiendo un error al rechazar a Isauro, a pesar de amarlo tanto. Qué tal que no lograra nunca llegar a ser Congresista; que sus orí­genes humildes la persiguieran siempre y no pudiera cambiar sus estrellas. Entonces llegarí­a nuevamente a la comunidad de pescadores, fracasada, con el corazón roto y seguramente para ese entonces Isauro ya estarí­a felizmente casado con otra chica. Eso serí­a devastador. Pero aún así­, tení­a que arriesgarse. Tení­a por lo menos que intentarlo…

Finalmente llegaron a la playa.

-Sabes, yo creo que tienes razón- dijo Isauro al despedirse. -Una relación entre nosotros nunca funcionarí­a. Yo en realidad no tengo ningún plan en especial para mi vida. Vivo como un barco a la deriva, voy hacia donde me lleve la corriente. ¿Amigos?-

Carolina no entendí­a sus sentimientos. Por un lado, sabí­a que ésto era lo mejor. Pero por otro, estas palabras de Isauro la estaban matando. Sin embargo, trató de fingir indiferencia ella también.

-Sí­, claro. Gracias por comprender.-

Carolina entró a su cabaña con el corazón destrozado. Isauro, se fue con su guitarra a cantar sus penas detrás de una peña.

-Me encanta como cantas y tocas la guitarra-

-¿Eh?- Isauro volteó en dirección de la voz femenina. Una joven rubia, bien vestida, de unos 20 años le sonreí­a.

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