Mini romance: En la feria

La había conocido cuando llegó la feria al pueblo. Hubiera sido imposible no fijarse en ella. El vestido naranja que llevaba puesto marcaba las líneas de un cuerpo modelo y combinaba perfecto con la cálida noche de verano. Su piel dorada indicaba que había pasado el día en la playa que quedaba a unos pocos metros del lugar. Su cabello oscuro y alborotadamente ondulado caía como una cascada hasta su cintura. Las sandalias de cuero y la mochila multicolor que llevaba le daban un aire bohemio como si fuera poeta, pintora, músico o escritora. Quizás eso era lo que más le había llamado la atención; esa apariencia natural y gitana muy parecida a la de él. Por supuesto Sylvio había visto muchas mujeres hermosas y elegantes en el puerto donde trabajaba como empleado de mantenimiento, pero ninguna como ésta. No era sólamente su belleza, era algo más. Era como si ya la conociera, como que algo le decía que había encontrado a su alma gemela. Talvez amor a primera vista. A pesar de que muchas mujeres en el puerto habían tratado de enredarse con él, Sylvio las había evadido. No porque fuera poco hombre. Al contrario, su masculinidad se le salía por todos los poros y era lo que atraía a las mujeres; era porque él creía en el amor verdadero y lo estaba esperando. Esa noche de abril lo había encontrado.
Estaba ella jugando tiro al blanco para ganarse un animalito de peluche. Y él arrecostado a un poste mirándola como idiotizado. A pesar de que no ganaba nada, la jóven, que más bien parecía un ángel, no perdía el sentido del humor y en lugar de enojarse se reía libremente con su amiga cada vez que fallaba. Fué en una de esas veces que se les cruzaron las miradas. Fueron unos segundos que parecieron horas y le dieron el valor a Sylvio para acercársele.
-Permíteme,- fué todo lo que le dijo al tiempo que le quitaba la pelota de las manos. Y con un cálculo que solo había podido lograr por la emoción que le había causado tocar sus manos, metió la pelota en el recipiente indicado para premio mayor. Ella y su amiga se habían puesto a brincar de la alegría y después de recibir el gigantesco peluche, habían empezado una amistad.
Su nombre era Alexa, tenía 19 años y había venido con una amiga y sus padres a vacacionar un mes a la playa. Después de esa noche Alexa y Sylvio ya no se habían separado más. Todas las noches después de que Sylvio salía del trabajo se iban a dar largas caminatas a la playa. Hablaban de sus sueños para el futuro, sus ambiciones, sus ideales y por supuesto de sus sentimientos. Los dos se habían enamorado profundamente y no querían pensar en la hora que tendrían que separarse…La cual llegó muy pronto.
-Mañana me voy- dijo Alexa fingiendo indiferencia, pero se le veía que sufría.
-Te volveré a ver?- preguntó Sylvio casi sabiendo la respuesta.
-Sylvio….Hay algo que debo de confesarte- dijo ella con la mirada baja. Sylvio sintió que las piernas le fallaron y el corazón le empezó a latir rápidamente.
Confesiones. Nunca eran nada bueno. -¿Dime?- trató decir valientemente pero el dolor y la desilución inundaban las palabras.
-Y-yo…e-estoy…comprometida para casarme.-
Ese había sido el final de la relación. A la primera mujer que le había entregado su amor, le había quebrado el corazón fríamente. Ahora tres meses después de ese desengaño lo veía todo muy claro: nunca lo había amado. Era igual a las mujeres riquillas del puerto que lo buscaban como una simple aventura. Y lo que le dolía a su orgullo de hombre era no haberse dado cuenta del engaño. Por varios días había esperado una llamada telefónica, una carta, cualquier cosa diciéndole que lo amaba de verdad, que no lo podía olvidar. Pero no. Tal parecía que él era el único que se había quedado con el corazón destrozado. Por eso una noche, después de no saber cuánto había llorado, decidió olvidarla. Se acabó el tonto. Todo este tiempo he sido un tonto pero se acabó, pensó. Ahora he cambiado de pensar y ya no seré el tonto de nadie, nunca más.
Sylvio continuó con su vida como de costumbre. Cada vez que se acordaba de Alexa, se acordaba de su promesa. Hasta había empezado a salir con otras muchachas. Un día cualquiera que tuvo que llevar una carga al puerto, se detuvo a ver un barco. Sylvio estaba estudiando para diseñar buques y éste s ele había hecho muy interesante. Ocupado en ésto estaba cuando escuchó una voz familiar que llamó su nombre. Sylvio sintió que el corazón le dió un vuelco. Aún antes de volverse sabía que se trataba de Alexa. -Pensé que ya estarías casada para este entonces,- dijo él altiempo que se volvía para mirarla. -¿Cómo podría casarme con un hombre amando como amo a otro?- contestó Alexa que no podía ocultar las ganas de abrazarlo con todas sus fuerzas. Sylvio pensó preguntarle quién era ese hombre pero el amor en los ojos de Alexa gritaban que obviamente era él. No fueron necesarias más explicaciones. Alexa había regresado y eso era suficiente prueba de que lo amaba…
Autor: Andreína Mendez
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