Mini tragedias
Tiburones
Era setiembre y el verano estaba llegando a su fin. Fernando Terán, un estudiante de biología marina, había pasado toda la temporada en la bahía de Gansa haciendo estudios acerca del gran tiburón gris. Desde niño le había llamado mucho la atención este depredador marítimo y ahora se dedicaba a estudiarlo.
A diferencia de la mayoría de la gente, Fernando no le tenía el menor temor a estos peces y mas bien los llamaba sus amigazos. Había decidido dedicar su vida a defenderlos y a cambiar la imagen de monstruos que tenían ante la gente.
-El hombre no es víctima de ellos, ellos son víctima del hombre- solía decir Fernando.
Por supuesto nadie estaba de acuerdo con él, especialmente Laura, su prometida.
-Fernando, no sabes cuánto me preocupo cuando andas en medio de esos animales,- le decía.
-No te preocupes mi amor, te llamaré todos los días para que veas que mis amigos y yo nos llevamos muy bien- le contestaba él para tranquilizarla. Y siempre cumplía su palabra. Durante este verano no había pasado un solo día que no la hubiera llamado.
-Hola mi amor, aquí reportándome desde Gansa,- bromeó Fernando.
-No sabes cuánto me alegra escuchar tu voz! ¿Cómo has estado?- preguntó Laura.
-Yo muy bien, estoy aprendiendo mucho de mis muchachones. He visto unos grandotes y con unos dientes muy filosos. ¿Qué te parece?- A Fernando le gustaba lucirse con su novia para que ella pensara que él era muy valiente, pero ella mas bien se preocupaba.
-Fernando, me vas a dejar viuda antes de tiempo,- le contestó ella.
-De ninguna manera. Yo me voy a casar con mi noviecita linda y vamos a tener una hermosa familia.-
La verdad era que Fernando era un muchacho muy dinámico que amaba la vida. Tenía un brillante futuro por delante y a sus 28 años ya su nombre era conocido en el campo de la biología marina.
-Bueno señorita, se me cuida mucho. Mañana vuelvo a llamar. Te amo- se despidió Fernando.
- Yo también. Cuídate mucho- contestó Laura si imaginarse que ésta sería la última vez que escucharía la voz de su amado.
Llegó el día siguiente y pasó y Fernando no llamó. Laura se preocupó un poco pero pensó que seguramente como faltaba poco para su regreso andaría muy ocupado. Pasaron dos días más y Laura no tenía noticias de Fernando. Llamó al cuarto del hotel donde él se estaba quedando pero nadie contestaba. Desesperada compró un boleto para la Bahía de Gansa. Si no llamaba esta noche mañana mismo iría a buscarlo. La llamada no llegó.
Muy temprano la mañana siguiente, Laura salió rumbo a Gansa. Cuando llegó, lo primero que hizo fué ir al hotel. Pero Fernano no estaba en su cuarto.
-¿No sabe si se fué del hotel o si ha llegado a dormir?- le preguntó Laura al hotelero, la desesperación saliéndosele por todos los poros.
-La verdad todavía no ha anunciado su salida -contestó el hotelero. -Pero hace unos días ya no lo he visto.-
La respuesta del hotelerero fué suficiente para que Laura corriera a la estación de policía de la bahía.
-Vengo a poner una denuncia de un desaparecido,- dijo casi llorando.
-Esta bien, llene esta forma por favor,- dijo la secretaria.
Con la mano temblorosa, Laura empezó a llenar la fórmula. Las lágrimas corrían por sus mejillas mientras escribía la descripción de su prometido. Laura entregó la forma a la secretaria quien se la llevó a uno de los detectives.
Minutos más tarde, el detective pidió que llamaran a Laura a su oficina. Laura entró. La angustia era tal que no sentía las piernas. El detective le dijo que tomara asiento porque tenía que mostrarle unas prendas o mejor dicho lo que quedaba de ellas. El corazón de Laura le dió un vuelco al ver frente a ella los pedazos del traje submarino que ella misma le había regalado a Fernando la navidad pasada.
-El mar devolvió los restos de un cuerpo hace dos días, ésto es lo que queda de su ropa- explicó el detective. -Parece que un tiburón se lo devoró. ¿Cree que puede hacer una identificación positiva?- preguntó el oficial. Pero ya Laura no estaba escuchando nada.
Autora: Andreína Mendez
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